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Quinta da Aveleda

Cuando pasamos el portón de la Quinta da Aveleda, se inicia la visita de una de las más conocidas quintas de Portugal, propiedad de la familia hace varias generaciones, con verdadero renombre internacional y considerada monumento nacional desde 1910.


Los jardines de la Quinta da Aveleda son un de los más bien conservados ejemplos de jardín romántico en Portugal, siendo simultáneamente un excelente modelo de mantenimiento de sus características originales.



Invulgar en su éxito y longevidad, la propriedad de la Quinta da Aveleda fue recuperada y ampliada en la década de 60 del siglo XIX por Manuel Pedro Guedes, encontrándose hoy bajo la alzada de la misma familia y formando una propiedad extensa y continuada hasta la ciudad.



La quinta está vedada con muros altos en toda su extensión contigua a la carretera. A través de un imponente portón que ostenta las armas de la familia se accede al interior. Seguimos por una alameda cerrada de frondosos árboles que encuadran al fondo una pequeña Casa Romántica. 
 
Pasando este túnel de verdura, apreciando aquí y allí los macizos coloreados de rododendros y azaleas, esparcidos entre la sombra de los robles seculares y el aroma de las mimosas y acacias, se absorbe la atmósfera de bruma creada por el denso techo vegetal mientras llegamos a la avenida que conduce a la Casa Señorial. Casa seiscentista que fue restaurada y ampliada en los finales del siglo XIX.

La composición es imponente, y nos atrae un espectáculo de color proporcionado por las incontables begonias, macizos de hortensias de varios colores y fetos dispuestos al rededor de un grande lago entre el bosque de raras especies de robles, pinos, araucarias y criptomerias.

El lago es constituido por tres islas. En la primera se destaca una ventana quinientista, monumento histórico de rara belleza, que hacía parte de la casa donde nació el Infante D. Henrique, hijo de D. João, rey de Portugal. La segunda isla es formada por un roquedo con un grande botarel de agua que refresca las hortensias que lo adornan. Por último, en la mayor isla de todas, ligada a tierra por un puente, podemos encontrar una casa con tejado revestido de paja y balcones de madera donde puede disfrutarse una notable panorámica sobre lo valle y las colinas que lo rodean. 
 
Siguiendo un pequeño camino entre azaleas y otras especies botánicas, encontramos una fuente trabajada en granito, la Fuente Grande, obra imponente sobre una pequeña escalinata también de granito, que termina en un césped flanqueado de macizos de rododendros y azaleas.

Al fondo del césped, encontramos la Fuente de las 4 Estaciones, mismo enfrente de la Casa Señorial. Es una fuente igualmente en granito de raras proporciones con 4 medallones de mármol blanco que representan 4 señoras de la familia, y al mismo tiempo las estaciones del año.

Llegando a las traseras de la casa, percibimos qué el jardín aún tiene mucho para revelar. A la sombra de la ramada de vides, el camino garbeado de rosales nos lleva a un grande lago. Los ojos se huyen rápidamente para el grande paisaje de un valle marcado por la presencia de las viñas que se funden en una cortina vegetal de chopos en el margen del río Sousa.

Seguramente no podrá quedarse indiferente a la belleza de la Naturaleza, a la cual la mano del hombre, a través de los siglos, se juntó para cuidar.

 
 
 
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