En ese lugar nos envuelven memorias de otros tiempos, respiramos
historias de otra época, en que el jardín era el lugar favorito de los miembros de las clases sociales más elevadas.
En otros tiempos, la música, una buena iluminación y el paseo de las damas completaba el coloreado de este lugar muy estimado por los habitantes de la ciudad que lo frecuentaban asiduamente y lo preferían para algunas ocasiones de fiesta.
Hoy continúa siendo un lugar bastante apacible y muy visitado, principalmente por los ancianos de la ciudad que se encuentran aquí para tener largas charlas, así como por los niños que acompañadas de sus padres pasan un tiempo agradable en el parque.
El jardín se funde con el medio urbano, habiendo una mezcla entre el espacio verde y el espacio de ocio, de la cual resulta un enriquecimiento de todo el local.
Una serie de caminos tortuosos nos conduce hasta el bar-terraza y al parque de recreo infantil, situados en la extremidad del jardín, que terminan en una espaciosa avenida en línea recta al largo de la cual están dispuestos bancos, creando zonas de estadía y una especie de mirador sobre el campo de la feria.
Recorriendo los caminos de barrillo suavemente oscurecidos por algunas especies exóticas como araucarias, palmeras y camelias,
encontramos un pequeño lago y un quiosco, y al mismo tiempo podemos observar canteros garbeados por boj ornamentados con los colores vivos de las flores de la época.
En este jardín podemos encontrar aún el busto de António Nobre,
poeta ligado al municipio de Penafiel, y el busto de Egas Moniz, con la cuerda al cuello en memoria de su jornada a Toledo, que recuerda a los visitantes que en este municipio está sepultado el ayo de D. Afonso Henriques.
En el conjunto, todo el ambiente, oscurecido por grandes y viejos árboles, es recatado y confortable y se vuelve agradable ahí permanecer.